Casi todos hemos leído (o escuchado) alguna vez aquel célebre poema de Antonio Machado que, por medio de un ingenioso uso de la metáfora, nos hablaba de un camino vital que todo hombre ha de dibujar a través de sus experiencias personales, y siempre con la decisión de encontrar nuevos horizontes. Siguiendo la original tesis del maestro sevillano, retomamos la actividad del blog para hablar de unos recursos -naturales y culturales- tan evidentes y, en ocasiones tan obviados por una sociedad contemporánea como la nuestra, que se hace imperativo poner en valor su relevancia para la ciudad de Huesca a lo largo de su historia. Hablamos por supuesto de aquellos caminos, pistas, cañadas y sendas que han comunicado a la milenaria ciudad oscense con su redolada o ámbito más próximo, es decir, con las poblaciones anexas, con sus gentes, sus modos de vida ligadas con el medio, sus relaciones sociales y políticas, así como su cultura y su patrimonio común.
Así pues, el objetivo del blog va a ir orientado, a través de dos publicaciones consecutivas, a exponer las siete rutas que en forma de pequeños recorridos (PR-HU) parten desde la capital oscense y conectan interensantes vestigios de la historia y del patrimonio cultural de la zona. Hay que decir que estos caminos se encuentran actualmente reconocidos en la legislación autonómica vigente (Decreto 159/2012, del 19 de junio), la cual les otorga una regulación y protección especiales de cara a su disfrute desde las distintas modalidades para su uso y tránsito. Todo ello, apoyándose en la importante labor que las instituciones locales y comarcales, tanto públicas como privadas, han llevado a cabo sobre estos caminos a nivel de señalización, acondicionamiento y difusión de los mismos.
En este primer post se van a desarrollar un total de cuatro senderos como se podrán observar, son estos los situados en la parte oeste de la ciudad y los que más relación guardan con los recursos hídricos, el patrimonio originado en torno a su aprovechamiento, y el valor ecológico que guardan con el entorno de Huesca.
Paseo de las Fuentes de Marcelo (PR-HU 146)
Comenzando por la más breve de las rutas en cuanto a su extensión (no llega a los tres kilómetros), el Paseo de las Fuentes de Marcelo o PR-HU 146 se posiciona como un recorrido lineal y sin apenas desnivel, que parte desde la zona norte de la ciudad, más concretamente desde la calle conocida como Carretera de Francia, lugar donde podrá observarse la Iglesia de San Miguel (y posterior Convento de las Miguelas), originaria del siglo XII como muestra su acentuado estilo gótico, aunque con ciertos caracteres románicos presentes en el trazado de su planta y la disposición de su torre. Este edificio, fundado por Alfonso I el Batallador junto a la ya desaparecida Puerta de San Miguel, actuó como hospital y leprosería durante toda la Edad Media, no siendo hasta el siglo XVII cuando se convierte en convento de la mano de la Órden de las Carmelitas Descalzas. Igualmente en este tramo podrá contemplarse y atravesarse el modernista puente de San Miguel de principios del siglo XX, el cual ya fue tratado con anterioridad en este blog.
Siguiendo recto el trayecto señalizado, el caminante pronto atrevesará la Autovía Mudéjar por vía subterránea y se adentrará en los bosques de ribera del río Isuela, dominadas por tramos que intercalan unas bucólicas arboledas de quejigos, chopos y acacias, así como de pequeñas huertas cercanas a la capital. En el punto final de la ruta se encuentran las llamadas Fuentes de Marcelo, un conjunto de cuatro fontanas nombradas como la Fuente del Pez, la del Topo, la de Marcelo, y la del Gallo. Todas ellas, y según cuenta la tradición oral del lugar, fueron reconstruídas en los años 80 del siglo pasado tras una devastadora crecida del río. Este atractivo camino periurbano proporciona una amplia visión de lo que ha supuesto el río y este singular manantial para esta zona a lo largo de la historia, conformando un paisaje propicio para la horticultura desde época medieval, con la proliferación de acequias y azudes de orígen musulmán, así como de un espacio de recreo y ocio tradicional para los oscenses, que por lo menos se atestigua desde principios del siglo XX.
Recorrido por el Humedal de Cortés (PR-HU 140)
Aunque este recorrido supera los seis kilómetros de distancia, al igual que el visto anteriormente se presenta sencillo, lineal y sin apenas desnivel, lo que permitirá su tránsito tanto a pie como en bicicleta. Este camino hacia la Alberca o Humedal de Cortés comparte el punto de partida con el PR-HU 146 para después desviarse hacia el oeste cruzando uno de los puntes del río Isuela, hecho esto el camino se presenta totalmente recto hasta atravesar por vía subterránea la Autovía Mudéjar. Tras recorrer dos kilómetros más desde que se supera la carretera se alcanzará la Alberca de Cortés, pequeña obra hidraúlica cuyos orígenes se remontan al siglo XIII bajo la autoridad de la Orden del Temple, y cerca de la cual aún se conserva en buen estado el antiguo molino de Cortés, que también se remonta la época medieval y templaria del lugar. Este atractivo paraje natural, el cual se recomienda sobre todo su visita en primavera, ofrece al visitante una interesante experiencia ornitológica, al poderse observar aves tan icónicas como aguiluchos laguneros o cigüeñas, entre algunas otras.
Prosiguiendo el camino que indica, se llegará al pueblo y municipio de Chimillas, del cual comienza a tenerse noticias a finales del siglo XI como lugar perteneciente a los Caballeros Templarios, aunque su topónimo indica un origen musulmán. Pese a que la mayor parte de la localidad está compuesta por urbanizaciones modernas, Chimillas mantiene algunos vestigios de su pasado histórico, tales como su Iglesia dedicada a San Jorge erigida en una sola nave entre los siglos XVII y XVIII, la cual presenta desde el exterior una curiosa simbiosis entre estilos neoclásicos y neomudéjares a modo de ornamentación. También se puede encontrar un perfecto ejemplo de arquitectura civil y rural aragonesa de finales del siglo XIX, como es el caso de la Casa Cebrián-Molero, que presenta un claro estilo historicista basado en las casas señoriales de la Edad Moderna.
El último punto del PR-HU 140 se sitúa en el pueblo Banastás, localidad que pese a contar con la misma antigüedad que la vecina Chimillas, apenas conserva vestigios históricos recalcables debido a su casi completa destrucción durante los bombardeos de la Guerra Civil (1936-1939), presentándose una población de nueva planta ortogonal planificada por la institución franquista de Regiones Devastadas en 1940. Como puntos de interés más apreciables se encuentran lo poco que queda de un antiguo crucero (declarado Bien de Interés Cultural en el año 1999), su plaza presidida por la moderna Iglesia de San Andrés y la Casa Consistorial, así como la Caseta del Partidor de Coliñenigue o de los Tercios, edificio hidráulico originario del siglo XV concebido para la protección y regulación de la acequia y sus aguas. Además esta construcción tuvo una importante labor defensiva en favor de las tropas sublevadas durante el llamado Cerco de Huesca, entre los años 1936 y 1937.
Recorrido por el Humedal de Loreto (PR-HU 141)
El camino hacia uno de los parajes más icónicos de la redolada oscense, la famosa Ermita-Santuario de Loreto y el singular paisaje que propicia la alberca homónima, partirá desde Camping y Complejo Deportivo de San Jorge. en el extremo oeste de la ciudad. Este PR-HU 141, como trayecto circular, cuenta con algo más de ocho kilómetros de distancia, y es de sencilla realización por su correcta señalización y reducido desnivel, lo que lo accesible a la mayor parte de visitantes, tanto a pie como en bicicleta. Durante los primeros kilómetros de recorrido el horizonte se presenta dominado por extensos campos y fincas agrícolas aisladas, las cuales suelen adoptar en el Altoaragón los sobrenombres de Torres o Castillos, sin que ello implique unas funciones defensivas o militares en el pasado. A la misma altura que una de estos grandes edificios rurales dedicados a la agricultura, se encuentra el Monumento dedicado a Santa Paciencia, concebido como un pequeño muro de piedra exento ubicado supuestamente en el mismo lugar que la santa empleaba la santa para esperar a sus hijos (San Lorenzo y San Orencio) de la escuela durante la Hispania romana del siglo III d.C. Seguramente su construcción, caracterizada por su inscripción y su acabado superior de estilo neoclásico, esté datada de forma contemporánea a la del santuario (siglo XVIII), aunque su verdadera impronta para los oscenses consistía en la vieja tradición de depositar piedras en su parte superior a modo de singular peregrinaje.
En los aledaños del santuario el visitante se topará con un crucero plenamente conservado frente al paso del tiempo y a la altura de su condición de Bien de Interés Cultural. Con respecto a la Ermita y antiguo Convento de Loreto, la descripción de este también reconocido monumento de especial protección (BIC), se remite al visitante del presente post que consulte la entrada Las Siete Ermitas Oscenses (II) de este mismo blog. Si se prosigue el camino marcado pronto se alcanzará la conocida Alberca de Loreto, sobre la cual se empieza a tener constancia documental a partir del siglo XV como obra hidraúlica fundamental para la gestión de los regadíos de la zona, papel que incrementó en importancia cuando comenzó a recibir y acumular las aguas procedentes del pantano de Arguis a partir del siglo XVII, otorgando un mayor desarrollo a la huerta oscense occidental. Pero el verdadero atractivo de este humedal reside en su valor ecológico, siendo dotado de un espectacular paisaje, y de una importante diversidad de aves acuáticas y migratorias, con la presencia de garzas reales e imperiales, aguiluchos laguneros, ánades o cormoranes, entre otros.
Recorrido por el Humedal de Valdabra (PR-HU 142)
La última de las rutas a tratar en este post trasladará al usuario del PR-HU 142 al humedal y paraje creado en torno al Embalse Regulador de Valdabra. Se trata de un trayecto lineal, sin desnivel importante, y el más largo visto hasta el momento ya que consta alrededor de unos 15 kilómetros (ida y vuelta), siendo esta cuestión por la que se recomienda su realización en bicicleta, aunque la modalidad pedestre es igualmente disfrutable con calzado apropiado y reservas de agua suficientes. El inicio se toma por el llamado Camino de Vicién (en la imagen inferior), accesible desde la Calle Alcañiz en el extremo sudeste de la ciudad, encontrándose perfectamente señalizado y dotado de un primer panel informativo a cerca de la ruta en cuestión.
Pese a que el atractivo original del PR-HU 142 y su entorno reside en el disfrute del medio natural mediante las prácticas deportivas del senderismo, el ciclismo o la pesca, es este camino local otra oportunidad para contemplar un patrimonio estrechamente ligado al aprovechamiento de los recursos al alcance de las diferentes generaciones que han habitado y trabajado estas tierras, lo que se ha traducido en construcciones e ingenios principalmente orientados a la agricultura extensiva, tanto tradicional como actual. De esta forma y a lo largo del trayecto, se podrán observar los ya mencionados castillos y torres, tales como la Torre de Justo o el Castillo Colchoné, entendidos como fincas aisladas de las poblaciones y con una función eminentemente agrícola. Igualmente se pueden encontrar las tradicionales parideras (conocidas en el norte de la provincia oscense como bordas) de ganado lanar o caprino, que durante siglos supusieron un lugar fundamental para el resguardo y la actividad ganadera característica de estos lares. Por último en lo respectivo a este apartado, citar el singular edificio de sillería, actualmente en ruinas, situado sobre una peña rocosa al sureste del embalse del Valdabra, y al cual puede accederse mediante una pasarela de escaleras en muy buen estado. Ante la inexistencia de datos sobre su origen y función, se debe suponer que por sus características de aislamiento, de arquitectura y de materiales de construcción, se trata o bien de un refugio destinado a la ganadería, o a una antigua casa del guarda situada en altura, que pudiera vigilar las fincas al mismo tiempo que desarrollar la actividad agrícola.
Este trayecto lineal concluye en el llamado Embalse de Valdabra, una modesta obra hidraúlica construída en 1983 con el objetivo de regular el caudal del Canal del Cinca, infraestructura ésta última que, a través de sus 90 kilómetros de longitud, se posiciona como fundamental para entender el desarrollo económico y agrícola de buena parte del Alto Aragón desde principios del siglo XX. Con el paso de los años, el paraje que rodea Valdabra se ha convertido un humedal ideal para la proliferación de distintas actividades de ocio, tales como la pesca deportiva, la marcha pedestre, el ciclismo de ruta (BTT) o la observación ornitológica.

















