Festivales Oscenses por la Cultura

            Desde la llamada Transición Democrática a finales de los años 70 del siglo pasado, se produjo en España una generalizada eclosión de proyectos, asociaciones, políticas y acontecimientos de todo tipo intrínsecamente ligados a una cultura nacional que ahora sí, se veía liberada de la opresora censura franquista. Por supuesto, la ciudad de Huesca no fue una excepción a esta gran corriente cultural española, y para dar muestra de ello, hoy hablaremos sobre la cada vez más larga lista de eventos culturales celebrados en la capital altoaragonesa, concretamente sobre aquellos que se enmarcan a sí mismos en la categoría de ”festivales”.

            Comenzando por el más veterano de los festivales oscenses, hablaremos del Festival Internacional de Cine de Huesca que se celebra desde hace más de 40 años, cuando en 1973 es fundado de la mano de la Peña Recreativa Zoiti, como ”novedoso” evento que integraron en su tradicional cine-club. Sin ser tan popular como el de San Sebastián o el de Málaga, a los dos años de su creación ya se instituyó como ”Internacional”, para más tarde independizarse de la citada peña oscense y convertirse oficialmente en Asociación Cultural Nacional en 1978. Distintas categorías (premios Luis Buñuel, Una Vida de Cine, Ciudad de Huesca y Ciudad de Huesca del Cortometraje) acompañados de una dotación económica, homenajes, exposiciones, conferencias, o publiacaciones propiamente editadas, son algunas de los elementos más característicos del festival oscense.

                Aquella persona que asiste a las diferentes actividades del festival cinematográfico (celebradas íntegramente en el mes de junio en distintos lugares, entre ellos el Teatro Olimpia de Huesca) e indague de forma sucinta sobre los orígenes del mismo, no podrá dejar de preguntarse el motivo por el cuál dicho evento cultural no es ampliamente conocido en el resto de Aragón o de España. Grandes profesionales y jurados, una buena difusión cultural por medio de rutas del cine y una actualizada página web, secciones infantiles y el apoyo de las instituciones culturales y privadas de la ciudad parecen no ser suficientes para dar conocer el festival al nivel ”internacional” que le corresponde. Tal vez la propia natuleza de ciudad pequeña y recursos ilimitados evite que el festival consiga atraer no sólo a artistitas y cineastas famosos, sino a un mayor público interesado en la materia.

         En segundo lugar nos referiremos al Festival Periferias, como un curioso experimento cultural que se ha celebrado duarante casi dos décadas en la capital altoaragonesa, tratando siempre de situarse como un festival ampliamente ”multidisciplinar y temático”, de modo que cada año su programación gira en torno a un misma materia como hilo conductor, otorgándole una gran versatilidad anual a la hora de difundir y ofrecer su oferta cultural. La Fiesta, la Nueva Comedia, el Horror o lo Black (cultura de raíces africanas y afroamericanas), han sido algunos de los temas tratados en el festival, con el ambicioso proyecto del año 2012, cuando se pretendió dotarlo de una interensante dualidad con el mundo virtual e internet. Por desgracia, parece ser que el festival otoñal impulsado por el Ayuntamiento de Huesca se ha visto paralizado tanto en su versión física como virtual, seguramente por la falta de presupuesto.

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         Por último cabe nombrar al más jóven se los festivales oscenses pero no por ello menos interesante y enriquecedor, estando este más orientado hacia la cooperación local y social. Hablamos de Micro, fundado en el año 2013 y celebrado desde entonces entre los meses de mayo y junio, con el claro objetivo de aupar a aquellos creadores y creadoras (tanto locales como foráneos) de grandes obras culturales a base de formatos reducidos y recursos limitados. En definitiva, fomentar la producción de piezas y obras dentro de las artes visuales (MICROVISUAL), las artes escénicas (MICRONESIA) y a las dedicadas al mundo de la música, la poesía y la per-formance contemporánea (MICROFEST), además de integrar en ellas a los más pequeños y sus capacidades creativas (MINIMICRO).

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Para más información sobre dichos festivales culturales:

www.huesca.es/temas/cultura

www.huesca-filmfestival.es

Patrimonio ”Reciclado” en Huesca

         Hasta ahora en este blog se ha hablado sobre los distintos recursos y bienes patrimoniales que la ciudad de Huesca posee en sus distintas formas, como tradiciones, monumentos, proyectos culturales o personajes enormemente ligados a la proliferación de la riqueza cultural oscense. Sin embargo, todavía no se ha hablado de una cuestión fundamental de cara a la conservación, puesta en valor y aprovechamiento eficiente de los diferentes recursos culturales, siendo en esta ocasión empleados como dignos ejemplos, los casos del Palacio de los Reyes de Aragón, el Palacio de Villahermosa y el antiguo Colegio de Dominicas de Santa Ana. Unos monumentos de indudable valor histórico-artístico que han podido gozar de una segunda oportunidad de cara al servicio público y cultural.

             Comenzando por el más antiguo de los tres, el Palacio de los Reyes de Aragón, se trata de la antigua residencia real aragonesa construída a finales del siglo XII sobre lo que hoy en día supone la Plaza de la Universidad, y que en época islámica se erigía una torre defensiva de ciertos rasgos románicos. Este simbólico edificio del románico civil fue construído sobre una planta cuadrangular adosado a una torre principal, al que más tarde (1690) se le añadiría el patio porticado con jardines de trazado octogonal; se encuentra entre los monumentos de mayor implicación histórica y cultural de la Comunidad Autónoma aragonesa al haber sido además de hogar de reyes, sede del reino medieval, y centenario centro universitario Sertoriano de estilo barroco.

             En la actualidad posee el máximo grado de protección jurídica y cultural desde el año 2003, cuando es declarado Bien de Interés Cultural, aunque ya desde épocas de la Segunda República y la Dictadura Franquista el monumento había sido ampliamente reconodico por su pasado y relevancia histórica. Como se ha podido ver, el Palacio se ha visto encargado en diferentes actividades que lo han ido ”reciclando”, siendo a día de hoy el Museo Arquológico Provincial de Huesca, con nuemerosos fondos y colecciones de gran ineterés, que van desde hallazgos prehistóricos del Paleolítico, hasta  fondos artísticos de primer orden. También en sus instalaciones se realizan numerosas conferencias y actividades culturales en familia, que lo dotan de un mayor dinamismo cultural.

Distribución Museo

Museo de Huesca- Distribución actual sobre el plano

             Siguiendo una línea cronológica por la longevidad de estos munumentos, es el turno del Palacio de los Duques de Villahermosa de Huesca, construcción propia del estilo renacentista aragonés realizada en el siglo XVII, y que se posiciona como uno de los edificios de mayor singularidad artística y urbanística de la ciudad, al posicionarse de forma encajonada en el entramado del Casco Antiguo. También es conocido como la Casa de los Condes de Guara, ancestral y noble familia aragonesa que ya aparece nombrada entre los caballeros que ganaron la ciudad cristiana para la causa cristiana en 1096, destaca por su adaptabilidad al angosto terreno urbano al que consiguió sobreponer un amplio patio frente a la fachada palaciega.

           El palacio se encontraba hasta hace relativamente poco tiempo en un estado de de ruina completa hasta que la entidad privada Ibercaja adquiere la titularidad del edificio vendido por el Estado en 1999. Desde este momento se inicia una exhaustiva y complicada reforma de la facha y el interior del palacio, concluyendo con la constitución sobre este de un gran Centro Cultural de la caja de ahorros que alberga una Sala de Exposiciones y la Sala de Estudio y en las diferentes plantas existen áreas de consulta, nuevas tecnologías así como talleres artísticos y de restauración. Además fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 2001.

             Por último, el antiguo Colegio de Dominicas de Santa Ana es originario del año 1885, cuando es planeado por el arquitecto Federico Villasante con un claro y sobrio estilo modernista, dotando a la fachada de cuatro alturas bien diferencias y superpobladas por grandes ventanales. Todo este gran conjunto religioso también situado en los bordes exteriores del Casco Antiguo oscense se completa con una pequeña iglesia barroca, hoy ya secularizada, construída en el año 1771 sobre los terrenos pertenecientes a esta abadía urbana. Este inmueble fue declarado también Bien de Interés Cultural en el año 1997.

Archivo FAchada

Fachada del Archivo

               Es en los años 80 del siglo pasado cuando el Estado adquiere en propiedad el edificio y comienza a adaptarlo internamente para así poder emplearlo a partir de entonces como Archivo Histórico Provincial de Huesca, cuetión que ya se había planeado en 1931 cuando se forma la Junta de Patronato del Archivo Histórico Provincial. Hasta el día de hoy funciona como tal ofreciendo diversos servicios relacionados (consulta de documentación, reprografía, digitalización y difusión de fuentes, taller y laboratorio de restauración, etc), además de poseer importantes ejemplares emitidos por las instituciones históricas de la provincia y fondos privados pertenecientes a personas o familias iluestres de la misma.

                Estos no son los únicos ejemplos del patrimonio oscense ”reciclado” y orientado a fines culturales a la par que productivos para la sociedad, pero tal vez sí sean los más destacados. Por ello no hay que olvidar la presencia del Centro Cultural del Matadero (aprovechando el antiguo edificio industrial) o la actual sede de la Diputación Provincial de Huesca (construída en los años 80 sobre un antiguo convento franciscano).


Hij@s Predilectos (I): Ramón Acín

 

       Hoy da comienzo en este blog una serie de publicaciones tituladas como ”Hij@s Predilectos”, como unos capítulos dedicados en exclusiva a personajes que hayan tenido un papel destacado al aportar especial riqueza al patrimonio y a la cultura de la ciudad Huesca; tanto en el pasado como en el presente, tanto en lo artístico como en lo histórico, tanto si su labor ha sido reconocida como si no. Puestos a empezar una serie de tal calibre, que mejor ejemplo para hacerlo que con Ramón Acín, aquel polifacético oscense dedicado al mundo de las artes y las letras a partes iguales, y que dejó un gran legado para la ciudad aún hoy palpable en algunos puntos concretos de Huesca.

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Fotografía de Acín autografiada vestido de picador de toros en 1914, gran aficionado a la tauromaquia, llegó a escribir un libro con grabados taurinos futuristas.

         Ramón Acín Aquilué (1888 – 1936) nació, vivió y fue asesinado en la ciudad de Huesca, un recorrido vital plasmado en el legado artístico, intelectual y político de la misma capital altoaragonesa. En sus biografías encontramos oficios como el de pedagogo, pintor, escultor o periodista; sin embargo si algo debe atribuirse a Ramón Acín, es el de un personaje humanista y gran activo político de su convulsa época, debido a su posición ideológica anarcosindicalista y consecuente integrante de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Ramón Acín demostró ya desde niño una mente abierta a distintas disciplinas de las ciencias y la pintura, pero no fue hasta 1910 cuando decide dedicarse al mundo artístico de forma exclusiva y empieza a ser habitual en los distintos ámbitos del periodismo local en Huesca, Zaragoza o Barcelona, donde comienza a publicar sus críticos artículos y viñetas de tinte político.

         De entonces en adelante, se dedica a actividades tan diversas como a dar clases de pintura en distintas instituciones de Huesca y Madrid además de producir su propia obra artística vanguardista en sus estudios, de los cuales nacerían obras tan emblemáticas como la escultura Fuente de las Pajaritas; también en su producción escultórica destacan El Agarrotado o su Monumento a la Paz, ambas con un fuerte contenido social y reivindicativo para una España inmersa en una dictadura militar. Dentro de su mundo pictórico impresiona su visión futurista y de progreso de la sociedad española, como se puede apreciar en La Feria o El Tren, pero tampoco renunció a lienzos más costumbristas como Feria de Ayerbe. Tampoco hay que olvidar su aportación al naciente arte de la publicidad y al humor gráfico periodístico de esta centuria.

          Por desgracia Ramón Acín no disfrutó de una vida tranquila y larga debido a su enorme implicación política en un momento de especial inestabilidad política para su país, como lo fueron las tres primeras décadas del siglo XX español. Como líder provincial del principal sindicato anarquista, acudió a numerosos congresos de la CNT e incluso llegó a estar relacionado con la fallida sublevación republicana de Jaca de 1930 orquestada por los militares Fermín Galán y Ángel García Hernández. Acciones como esta le granjearon no pocos problemas con las autoridades españolas, siendo encarcelado en algunas ocasiones, y fusilado por las tropas Nacionales al estallido de la bochornosa Guerra Civil.

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        Para terminar, es obligado aportar un argumento en favor de la herencia que el oscense Ramón Acín dejó a su ciudad, marco local al que está dedicado este blog. Desde el punto de vista social y político está claro, como un luchador sentido por la democracia y los derechos de los trabajadores tanto del campo como de la ciudad, y que por ello pagó justo por pecador. La cultura que legó aún hoy puede ser apreciada en distintos puntos de Huesca como las esculturas situadas dentro del Parque Miguel Servet de Huesca, las custodiadas junto a sus dibujos en el Museo Arqueológico Provincial de Huesca, así como la exposición permanente sobre los proyectos pedagóficos ideados por Acín en el Museo Pedagógico de Huesca; no es baladí además nombrar la fructuosa amistad que Acín tenía con el cineasta turolense Luis Buñuel, llegando a financiar su película Las Hurdes, tierra sin pan de 1932. Además en favor de la puesta en valor de este singular personaje, se constituyó en la año 2007 la Fundación Ramón y Katia Acín, que tiene como objetivo mantener vivo el espíritu y memoria del protagonista de este post y de su hija Katia, también pintora en su vejez.


Las imágenes han sido descargadas y están a disposición de cualquiera en la página web de la Fundación Ramón y Katia Acín.

La Muralla Medieval

       Lo que todavía hoy queda en pie de la muralla medieval de Huesca -situados sus vestigios visibles tanto en su trasmuro a lo largo de la Ronda Montearagón como por la parte interior en algunas calles del casco antiguo oscense- corresponde a las construcciones defensivas edificadas en la época andalusí por parte del gobernador musulmán Amrús Ibn Umar (patriarca muladí del siglo IX que fundaría la dinastía de los Banu Amrús), ya que aunque el amurallamiento original de Huesca debió remontarse a épocas más antiguas ibero-romanas, sería con la llegada del Islam a esta tierras cuando se plantearía su trazado y dimensión definitivas. El uso de la muralla como herramienta defensiva debió alargarse hasta el siglo XV, tiempo en el que Huesca ve ya muy distante las beligerantes fronteras de la ”reconquista” cristiana, siendo la mayoría de sus muros y puertas derruidos en favor del crecimiento poblacional y urbano de la ciudad, aprovechándo también sus materiales para nuevos edificios de los extramuros.

           En los momentos de mayor esplendor para la muralla, ésta contaba con un perímetro aproximado de dos kilómetros a través de lo que hoy en día es el Coso Alto y Bajo de Huesca, además de la Calle Joaquín Costa y la ya nombrada Ronda Montearagón. Poseía también unas 100 torres distribuídas por el trazado situadas a una distancia de 22 metros entre sí, además de siete puertas que comunicaban el centro urbano medieval con los arrabales y barrios exteriores (cuatro de ellas estaban orientadas a los puntos cardinales, siguiendo la tradición romana).

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Vista del tramo nordeste de la muralla junto al torreón

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Parte del lienzo de la muralla restaurado

           En la actualidad tan sólo permanece en pie su tramo nordeste y una de sus torres, la conocida como la del Septentrión o torreón del Amparo, que aunque presenta su dimensión y estructura original se aprecian remates posteriores de estilo gótico donde en tiempos existieron almenas, e incluso aspilleras redondas destinadas para las más modernas armas de fuego. Con respecto al lienzo de la muralla, el material de sillería se ha conservado en unos tramos mejor que en otros, y aún son visibles algunos elementos medievales como un portón situado a media altura, abovedada y con un arco de medio punto. En uno de sus tramos y debido a un boquete de la muralla, pueden apreciarse las diferentes etapas de construcción, con una capa de sillares almohadillados que muertra el pasado islámico de la estrcutura defensiva.

           Otro elemento arquitectónico de las murallas a tener en cuenta es el de sus puertas, de las que hoy sólo permanece en pie la famosa Porteta. Un desgraciado y torpe accidente causado por el paso de un camión en el año 2005 provocó el grave deterioro de esta puerta medieval, aunque ya hace años se restauró sobre su estructura original e intentando reproducir lo mejor posible su estado anterior. La Portera (también conocida como Puerta Montearagón o de San Agustín) abría la ciudad por el este situándose en la actualidad entre la moderna plaza de toros y el albergue municipal, y destaca por mantener parte del cubo del portico amurallado y algunas esculturas modernas en piedra de carácter simbólico antitético situadas al fondo, representando la lucha entre el bien y el mal, por un ángel y un diablo.

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Puerta de La Porteta

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Cubo del antiguo pórtico amurallado, que hoy en día forma parte de una vivienda particular

         Pese a no conservarse la mayor parte de su lienzo y trazado medieval, la muralla de Huesca tiene un importantísimo papel a la hora de reflejar la historia de lo que fue la ciudad en épocas medievales, una ciudad en pugna por el Islam y el cristianismo que hubo de ser defendida, conquistada y asentada por los nuevos señores aragoneses. Esta misma importancia como monumento histórico se ha apreciado en la legislación autonómica, concretamente en la Orden de 17 de abril de 2006 del Departamento de Educación, Cultura y Deporte por la que se aprueba la ”relación de Castillos y su localización”; en la cual la muralla medieval de Huesca aparece dentro de la categoría de Monumentos. También se han realizado algunos pryectos de consolidación, restauración (respetando la historicidad del monumento) y acondicionamiento tanto de la muralla como de sus zonas aledañas, siendo la parte superior de la muralla donde se ha habilitado un nuevo corredor y varios miradoresa través de los cuales se puede apreciar un espectacular paisaje de las sierras prepirenaicas oscenses como Guara o Gratal entre otras.

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Imagen del nuevo corredor peatonal sobre la muralla


Patrimonio Oral y Musical ”fato”

          En la mayoría de los casos, cuando se habla de patrimonio cultural, casi todo el mundo responde creando una imagen mental que se corresponde a un gran monumento, una virtuosa obra de arte o en el mejor de los casos además de esto, una tradición antiquísima y multitudinaria. Aunque estos ejemplos no estan ni mucho menos desartados, no se suele tener en cuenta al patrimonio oral, como un legado inmaterial, social, histórico y cultural, igualmente válido, igualmente rico; que además se presenta como un valor fundamental para la sociedad y para complementar al resto del Patrimonio Cultural, que tantas veces no se comprendería sin la tradición oral y popular.

          La Ley de Patrimonio de 1999 reconoce gran parte esta oralidad aragonesa como Patrimonio plenamente Cultural Inmaterial, al nombrar los bienes de carácter etnológico y lingüístico; pero ¿qué es y qué engloba el patrimonio oral y musical de Aragón?, tal vez sea esta una cuestión más peliaguda. Lo oral y sus distintas variantes tradicionales para transmitirlo, como el dance, los cuentos y leyendas populares, cantes religiosos o folklóricos de ayer y hoy, hasta las particularidades de una lengua o un dialecto en concreto pueden y deben formar parte de este patrimonio de todos. Con respecto a esta última afirmación, no hay que olvidarse de que más allá de las fronteras autonómicas y nacionales, la Unesco salvaguarda y reconoce actívamente el valor del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad desde el año 2003, donde entre otras se han incluído las Fiestas del fuego del solsticio de verano en los Pirineos de Aragón, o el silbo gomero por poner algunos ejemplos de nuestra región y de nuestro país.

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             Con anterioridad en este blog se ha hablado de diferentes bienes o eventos culturales muy relacionados con esta inmaterialidad del patrimonio por sus rasgos específicos, como el caso de la Semana Santa, los danzantes o la memoria histórica entre otros, sin embargo hoy toca hablar de bienes, tradiciones y relatos más ”humildes”, más desgraciadamente desconocidas dentro y fuera de Huesca. Entre estos bienes del patrimonio cultural inmaterial oral y musical de la capital altoaragonesa se pueden encontrar numerosos títulos de conocidas jotas oscenses como Pulida Magallonera, Bolero de Huesca o Que Huesca es un manto verde; de igual manera aparecen muchos vestigios de la literatura oral propia de la ciudad, desde testimonios populares que con el tiempo se han transformado en leyendas o recuerdos urbanos, hasta refranes, chistes o seudónimos populares endémicos que pueden explicar y complementar gran parte de la historia de los oscenses, así como de su patrimonio cultural. El propio mote o ”gentilicio” extraoficial que se le suele dar a los oscenses dentro de Aragón, el de fatos, bien puede pertenecer a este legado oral y social ya que pese al inicial significado despectivo que pudo tener dicho seudónimo (en fabla aragonesa significa ”tonto”), hoy en día se toma como propio con orgullo de pertenencia a la ciudad.

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           Por la misma importancia de la oralidad cultural, son necesarios nuevos medios, programas e ideas que ayuden a dar a conocer y a fomentar la pervivencia de estos vestigios orales y musicales no sólo de Huesca sino de toda la sociedad en su conjunto. Cierto es que en el caso de Aragón se han producido muchos esfuerzos y avances para lograr el citado objetivo, desde exahustivos ensayos hasta ciclos de conferencias, aunque tal vez la acción llevado a cabo por el Gobierno de Aragón de la de la mano de las distintas instituciones públicas, territoriales y culturales sea una de las más importantes. Hablamos de la plataforme web de SIPCA (Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés), concretamente de sus aplicaciones referidas al patrimonio oral y musical que componen un auténtico archivo sonoro y documental a disposición de todos los usuarios sin necesidad de cumplir ningún requisito o suscripción, y que viene recogiendo todos estos testimonios orales y musicales de Aragón.

       Posee documentos propios, pero se nutre también de otros organismos como el Archivo de la Tradición Oral de la Diputación Provincial de Zaragoza, el Cancionero Popular Altoaragonés recopilado por Juan José de Mur Bernard o el Archivo familiar del oscense Rafael Ayerbe. Todos ellos hacen que sea posible que sólo para la ciudad de Huesca existan 1309 documentos y archivos escritos o sonoros publicados hasta el día de hoy.


                                                                                                                                                                                  Archivo Sonoro de SIPCA: http://www.sipca.es/censo/busqueda_oral_simple.html

La Semana Santa de Huesca

       Ampliamente conocidas son las fiestas de la Semana Santa en capitales y localidades españolas como Badajoz, Sevilla, Valladolid o la conocida Ruta del Tambor y el Bombo turolense, entre otros lugares. Pese a no concevirse como una de las más populares, la Semana Santa oscense poco tiene que envidiar a las demás en lo que respecta a su originalidad y recorrido histórico, así como a su amplio simbolismo materializado en sus pasos, toques y cofradías, que crean un ambiente único lleno de tradición y significado religioso para la ciudad. Todo esto puede verse demostrado no sólo por la devoción y cercanía de los oscenses con su festividad, sino también por la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional de Aragón que le fue otorgada en el año 2001, que le da una especial importancia como acontecimiento religioso y cultural.

        El origen de la Semana Santa oscense se centra en la fundación e institución a principios del siglo XVI de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz, siendo desde entonces y hasta el día de hoy la encargada de la organización de procesiones y actos religiosos de la semana santa en Huesca. A parte de esta, se pueden distinguir otras 14 cofradías más en la capital altoaragonesa; desde las que cuentan con un mayor número de integrantes como la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesus Nazareno, hasta aquellas caracterizadas por la originalidad de sus hábitos, como en el caso de Nuestro Señor Atado a la Columna o la del Prendimiento. La mayoría de ellas se fueron fundando a lo largo del pasado siglo XX, asimilando unos símbolos, unos escultóricos y bellos pasos, y unas procesiones propias que las cargan de significado.

                 Durante toda la semana es posible ver en Huesca a otros grupos en  un total de 12 procesiones, como es el caso de los Equites (soldados romanos a pie o a caballo), Velites, el Coro de Sibilas y el de Hebreos, además del desfile de personajes bíblicos destacados como Isaac, Abraham, Aaron, Moises o David. La procesión del Santo Entierro del viernes puede contemplarse a partir de las siete de la tarde y donde se verán representadas todas las cofradías y agrupaciones instrumentales de Huesca; sin embargo, el acontecimiento del Domingo de Ramos por la noche con la Procesión del Cristo de los Gitanos, se convierte cada año en un reclamo para los oscenses y los turistas por su particular ambiente religioso, acompañado de porteadores y saetas.

           Por último, cabe nombrar la importancia que desde hace ya algunas décadas posee la escenificación de La Pasión en el Teatro Salesiano de Huesca, como una de las tradiciones lúdicas y religiosas más conocidas de la ciudad y que tiene su origen en el año 1947. La representación teatral cuenta en todas sus ediciones con 3 actos  y más de 150 actores, que consiguen año tras año llenar la sala.


Imágenes: http://www.descubrehuesca.com/huesca/la-semana-santa-oscense/

Ultramarinos ”La Confianza”

       Cualquier oscense puede sentirse orgulloso de la historia de su ciudad, puede admirar su catedral e imaginar su construcción y liturgia medievales; también puede observar el Palacio Real, sus múltiples iglesias renacentistas o su muralla, pero siempre deberá hacer un esfuerzo mental para reconstruir una realidad del pasado de Huesca. Sin embargo, existe un pequeño rincón escondido en la capital altoaragonesa, concretamente en una de las esquinas porticadas de la Plaza López Allué (aún hoy más conocida por todos como la Plaza del Mercado, o incluso como la Mayor); hablamos como no podía ser de otra forma de los Ultramarinos La Confianza, un comercio levantado en la segunda mitad del siglo XIX que permanece fosilizado en el tiempo, manteniendo su actividad económica tradicional hasta nuestros días, conviertiéndolo en uno de los recursos patrimoniales más valorados por los oscenses.

Plaza López Allué

        La más que centenaria tienda de La Confianza, abrió sus puertas en el año 1871 por iniciativa del comerciante francés Hilario Vallier, el cual destinó su actividad a la venta e importación de productos de cierto lujo que adquiría la pequeña burguesía decimonónica oscense, como mercería, sedería, porcelanas, abalorios, y traídos de ultramar como cafés, chocolates, licores, ahumados, etc. Dejada atrás la efímera bonanza económica de la Restauración Borbónica, llegaron años convulsos para el establecimiento altoaragonés, que acabaría con una nueva familia al frente del negocio, los Villacampa-Sanvicente como actuales propietarios. Su céntrica situación dentro del casco antiguo de Huesca corresponde a la tradicional función comercial que la Plaza López Allué ha tenido en la historia oscense, que configuraría su actual apariencia a mediados del siglo XIX de la mano del arquitecto Hilarion Rubio. También en esta plaza se encontraba el mercado municipal desaparecido en los años 70 del siglo XX.

Mercado antiguo

      Ultramarinos La Confianza, gracias a una notable gestión prívada de la familia propietaria, ha sabido conservar la tradición, la especialización, puesta en escena y valor histórico-artístico de su establecimiento, mostrándo al visitante el significado y el simbolismo de aquel pequeño pero importante empuje económico burgués. Con respecto a su actividad comercial, mantiene la venta de productos artesanales, importaciones de gran calidad, así como típicos de Aragón y del resto de España; aunque no por ello haya dejado de expandir su oferta por medio de sus bodegas y la venta online. Tal vez el elemento más destacado del establecimiento sea, además de su estructura original, los frescos romanticistas de su techo, obra artística del famoso pintor aragonés León Abadías y basados en numerosas alegorías al comercio internacional, bodegones de sofisticados productos, escudos y armas europeas, objetos relacionados con la masonería, motivos florales, etc.

        Es por todo esto que La Confianza no sólo ha conseguido convertirse en la tienda de ultramarinos en funcionamiento más antigua de España (reconocido tanto a nivel cultural como turístico), sino también locales premios por sus escaparates, premios a las empresas por su emprendimiento y resistencia a los tiempos económicos, reconocimientos internacionales como el de Patrimonio Histórico Comercial de la Humanidad. Es por esto que se hace necesario un estatus de protección especial para el establecimiento por parte del Ayuntamiento o la Comunidad Autónoma, cuestión que en la actualidad se encuentra suspendida en el tiempo.


Enlaces de interés:

-http://ultramarinoslaconfianza.com

-http://www.latiendologia.com/la-confianza-en-huesca-patrimonio-historico-comercial-de-la-humanidad-2/

-https://es.wikipedia.org/wiki/Ultramarinos_La_Confianza

”Amarga Memoria” en Huesca

”Conocer el pasado, comprender el presente, construir el futuro”

       Con esta cautivadora frase retomamos el tema de la memoria histórica concebida, por supuesto, desde la óptica del patrimonio social y cultural de la ciudad de Huesca, alejados de cualquier atisbo de revanchismo o posicionamiento político. Ya señalamos anteriormente cómo el Programa Amarga Memoria, llevado a cabo por el Gobierno de Aragón desde el año 2004, constituyó un verdadero empuje y puesta en valor de la memoria histórica como el bien patrimonial de todos los ciudadanos. Este será pues nuestro punto de partida para el presente post, orientado a mostrar la impronta que este proyecto ha supuesto para la ciudad de Huesca y sus alrededores.

       Tal vez la actuación más reconocible -ya sea por su reciente construcción, su coste o impacto sobre el paisaje urbano- sea el del Parque Mártires de la Libertad, financiado de forma conjunta por el Ayuntamiento, el Gobierno de Aragón y las ayudas europeas al desarrollo regional, fue llevado a cabo no sólo como el acondicionamiento del cementerio civil anexo a la Ermita de las Mártires y las fosas comunes que allí se encuentran, sino también como la creación de un entorno conmemorativo, medioambiental, turístico, religioso y de ocio para la ciudad, incluyendo circuitos deportivos, zonas verdes en sintonía con la flora de la comarca o un mirador desde el que se contemplan las cadenas montañosas y localidades que rodean a Huesca. Con respecto al ámbito que hoy nos ocupa, la memoria, el parque es coronado con el conjunto monumental basado en un montículo trocopiramidal invertido, que mediante unas gradas y escaleras de piedra permite acceder a la pirámide escalonada de 545 prismas de piedra (uno por cada víctima de la guerra y del franquismo); de igual manera se indentificaron la mayor parte de las fosas comunes del cementerio, así como la rehabilitación del obelisco en memoria a Manolín Abad, republicano que en 1848 sería fusilado junto a otros rebeldes.

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       Otras acciones a tener en cuenta de esta Amarga Memoria en Huesca son palpables en las tumbas y placas conmemorativas presentes en la parte sur del cementerio municipal de Huesca. En él podemos encontrar varias tumbas con epitafios en referencia a los mártires y víctimas republicanas en tiempos del conflicto civil del siglo XX. Tal vez los ejemplos más representativos sobre esto se encuentren en las sepulturas dedicadas a los dos primeros militares republicanos que se sublevaron en Jaca a favor de una segunda república española, como lo fueron los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández, fusilados tras su fallido intento de proclamar el final del reinado de Alfonso XIII en 1930. Tampoco hay que olvidar otras tumbas de víctimas de la guerra, como es el caso de Sixto Coll Coll, último Presidente Republicano de la Diputación Provincial de Huesca, al que el Círculo Republicano ”Manolín Abad” de Huesca no ha dejado de recordar con este tipo de homenajes, entre otros muchos. 

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     En un ámbito más intelectual y más inmaterial también podemos apreciar la repercusión de Amarga Memoria sobre la capital altoaragonesa. Se han realizado homenajes como el dedicado a Mariano Constante en 2010, superviviente del campo de concentración austríaco de Mathausen-Gusen que ayudaría por medio de sus obras y militancia política a descubrir las experiencias más cercanas e impresionantes de los prisioneros recluídos en los campos nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Promovido por la Diputación oscense y la Comunidad Autónoma, el acto conmemorativo se compuso por exposiciones de fotografías, utensilios, indumentarias y armas de la época, así como proyecciones de documentales, conferencias, actuaciones musicales y entrega de distinciones a los familiares de las víctimas, todo ello durante dos jornadas seguidas.

        No hay que olvidar tampoco la importancia de las investigaciones producidas sobre el campo de la Memoria, como la llevada a cabo entre los los años 2006 y 2010 por Fernando Martínez de Baños y Pedro Rodríguez Simón bajo el nombre de Vestigios de la Guerra Civil en Aragón, con el objetivo de localizar, identificar, documentar y levantar topográficamente aquellos restos de enclaves y puestos militares situados en el llamado frente de Huesca, generando además una gran cantidad de nueva información histórica y estudios posteriores. Publicaciones de ensayos y monografías con el patrocinio de la Diputación Provincial de Huesca, como Legislación republicana y mujeres en Aragón. El voto femenino en huesca del año 2008,o la publicación en 2010 del librodisco Cancionero libertario. Por último nombrar la fundamental emisión y acceso a becas y subvenciones públicas, tanto a particulares, asociaciones ayuntamientos o comarcas, todo con el finde promover el estudio y la puesta en valor de la Memoria Histórica como patrimonio de todos.


Los Danzantes de Huesca

        Los danzantes de Huesca vienen realizando sus danzas, cantes y actuaciones enmarcadas en las fiestas patronales de San Lorenzo. Consisten en una agrupación de varones oscenses que desde hace cientos años van heredando de sus familiares la responsabilidad de adorar a su santo patrón mediante originales bailes y canciones folklóricas, que unidas al valor etnológico de sus vestimentas, complementos, instrumentos y símbolos tanto sacros como profranos, los convierten en una parte esencial de la capital altoaragonesa, de su memoria colectiva y religiosidad. Tal es la devoción de los danzantes con su santo patrón, que muy pocas son las ocasiones en las que se puede presenciar una de sus apariciones, siendo estas muy exclusivas por sus propios estatutos internos, al ámbito local de Huesca y a las fiestas de San Lorenzo, concretamente los días 10, 13 y 15 de agosto.

       Son conocidos por lo que son, unos bailarines excepcionales del Altoaragón que han mantenido durante siglos su significación histórica y religiosa, con unas costumbres ancestrales aún presentes, pero que a diferencia de los dances propios de las zonas rurales oscenses como los de Jaca, Graus, Yebra o Robres entre otros, no se han mantenido tan estáticos y han evolucionado constantemente, adoptando una mayor dimensión humana y gran popularidad. Se presentan pues con unas vestiduras originales y diversas, confeccionadas y cuidadas por sus mismos integrantes, y dependiendo siempre del rol representado por cada uno de los danzantes, apareciendo las figuras del danzante de las cintas (camisa blanca, chaqueta azul de damasco, calzón de satén, medias al uso, alpargatas con adornos simbolizando las fiestas, pañuelo en la cabeza o “mitra”; es el encargado de portar el bastón desde el que se estiran las cintas de colores), el mayoral (camisa blanca, pantalon negro, una faja o fajín que puede ser de diferentes colores y un pañuelo estampado en varios colores), el rapatán (porta el palo de la albahaca, y viste camisa blanca, chaleco parecido al de jotero con un San Lorenzo pintado o bordado en la espalda, calzón, medias, alpargatas y en las sienes un pañuelo similar al cachirulo) y el danzante común. Portan además tanto espadas ornamentadas como palos de madera policromados, que junto a su repertorio musical folklórico interpreatado por la Banda Musical de Huesca (tales como las espadas, palos viejos y nuevos o el degollau como el más famoso) crean un auténtico ambiente de festividad y alegría entre los espectadores.

        Sus orígienes históricos aparecen nombrados por vez primera sobre documentos escritos hacia el siglo XVII, momento en el que se habla de dances, bailes, hermosos atavíos y coplas de individuos que van acompañando a distintos actos religiosos como procesiones y romerían, pero en honor a San Lorenzo no estarían presentes hasta finales del XVIII. Es a partir del siglo XIX cuando las noticias que nos llegan de los antiguos danzantes empiezan a proliferar, y se les puede ver celebrando inauguraciones o restauraciones de ermitas e iglesias, o en sucesos históricos nacionales, como la liberación de Fernando VI y el comienzo de la Decada Ominosa absolutista. La fecha exacta en la que nació esta tradición es muy difusa, llegando a haber autores que afirman unos posibles orígenes milenarios al ser herederos del mundo céltico, con las migraciones de irlandeses y bretones a principios de la Edad Media.

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           Pese a no contar con un estatus patrimonial protegido a título individual, la festividad y tradición de los danzantes de Huesca, se sitúa como una parte fundamental dentro de las famosas fiestas de San Lorenzo, celebradas del 9 al 15 de agosto, declaradas de Interés Turístico de Aragón en 2001 y Fiesta de Interés Turístico Nacional en 2005. Puede ser desconcertante la ausencia de un nivel de protección y reconocimiento propio, ya que pocas tradiciones altoaragonesas albergan tal cantidad de historia, simbolismo y sentiemientos encontrados como ocurre con los Danzantes de Huesca, siempre inmersos desde sus orígenes más desconocidos en un aura de vocación y devoción hacia la ciudad oscense y a su santo patrón San Lorenzo.


Bibliografía:

http://www.danzantesdehuesca.es/index.htm

-Bizen d’o Rio. El dance laurentino. Huesca 1985

-Carlos Garcés. Las menciones más antiguas de los danzantes. Diario del Altoaragón. 28 de octubre 2001. pag 9

Las Siete Ermitas Oscenses (II)

Bienvenidos al segundo capítulo de las publicaciones a cerca de las ermitas oscenses que rodean la capital altoaragonesa. Como se dijo anteriormente, este post irá dirigido a describir la situación, estado de conservación y puesta en valor del resto de las ermitas oscenses, estas son, la de Nuestra Señora de Cillas, la de Loreto, la de Santa Lucía y la de Jara, todas ellas situadas dentro del municipio de Huesca, a excepción de la primera como se explicará a continuación.

Ermita (o Santuario) de Loreto

La ermita de Loreto es seguramente una de las más conocidas a la vez que la de mayor volumen y tamaño, convirtiéndola en una de las más populares y frecuentadas por oscenses y vecinos de municipios próximos, no como una visión turística sino como ruta de paso para el ocio deportivo o por las dos romerías anuales que en ella tienen lugar. Se encuentra situada a unos tres kilómetros al suroeste del núcleo urbano de Huesca, pudiendo llegar de dos formas, bien a a pie a través del ”camino de Loreto” tradicional, o bien por carretera, por la Calle de Huesca hasta el núcleo de Huerrios y de aquí a un desvío que nos lleva hasta el mismo santuario. La ermita de Loreto aparece ya documentada en las fuentes medievales a partir del siglo XII como perteneciente a la Abadía Montearagón, para ser reedificada en 1387 con el beneplácito del papa de Roma Urbano VI. Más tarde en el siglo XVI y bajo el reinado de Felipe II de Austria, se funda en ella un convento de Agustinos Calzados al mismo tiempo que se lleva una nueva remodelación del edificio eclesiástico.

El edificio que hoy se nos presenta (de la ermita medieval tan sólo quedan unos arcos ciegos de medio punto en una de las naves laterales) es el resultado de las construcciones y reformas llevadas a cabo por Juan Torres en el moderno siglo XVIII. El arquitecto se basó para su realización en el empleo conjunto de la sillería y el ladrillo, dotándo al convento de una planta de salón moderna clasicista con forma rectangular compuesta por tres naves con bóvedas de cañón; sobre estas además se sitúa la torre. Descatan los numerosos lunetos que aparecen en las propias bóvedas, la cornisa que recorre todo el perímetro del edificio a la vez que corona los capiteles de las columnas. La fachada de estilo neoclásico fue acabada unos varios años después que el edificio por Gabriel Rubio en 1765, la cual presenta dos pisos flanqueados por sendas parejas de pilastras monumentales, diferenciándose el inferior por su puerta adintelada y su frontón triangular, mientras que el superior presenta una hornacina con una escultura del patrón San Lorenzo, a la vez que es rematado por un gran frontón triangular con un óculo en el centro.

En la actualidad la ermita de Loreto está reconocida legalmente como Bien de Interés Cultural en categoría de Monumento, sin olvidar que ya en el año 1976 ya sería nombrada Monumento Histórico-Artístico. Una protección institucional que durante 40 años ha conseguido llevar a cabo tres restauraciones sobre el edificio (1985, 1988 y 1992), pero que a día de hoy no parecen suficientes si se observan los numerosos desperfectos en la fachada y en los muros exteriores de las construcciones conventuales, a las que el público no se tiene acceso. Otras deficiencias con las que cuenta la ermita se encuentran en su relativa distancia con respecto del centro urbano de Huesca y la falta de información hacia los turistas a la hora de conocer su ubicación y la ruta a seguir. Pero no todo son malas noticias, en su favor hay que decir que el entorno de la ermita se encuentra bien acondicionado con una plaza arbolada, bancos y fuentes para el descanso de los visitantes.

Ermita de Nuestra Señora de Cillas

Tambien conocida como un santuario, Nuestra Señora de Cillas se sitúa fuera del término municipal de Huesca, concretamente en el de la localidad de Chimillas, a unos seis kilómetros de la capital. Sus orígenes, al menos toponímicos, se remontan a la época romana (Cillas, proviene del antiguo sitio de Ciellas, que en latín cella/ae significaba despensa o bodega) y fue entonces cuando aparecería el primer templo cristiano que perviviría incluso en la historia musulmana de Huesca. Restos arqueológicos a parte, la ermita de Cillas no aparece como tal construcción hasta el siglo XII así como la fundación de una cofradía con el mismo nombre en la centuria siguiente.

El edificio presenta la apariencia de su remodelación del siglo XVIII llevada a cabo por el arquitecto Jose Sofí que le otorgaría un estilo barroco bastante austero en su exterior, convirtiendo a su decoración interior como la zona más atractiva de observar y conocer. Se trata de un templo con planta rectangular muy sencilla, una torre-campanario, tres naves sustentadas por arcos de medio punto, columnas con capiteles de estilo corintio y bóvedas de cañón con lunetos. Además posee dos imagenes religiosas muy veneradas no sólo por la cofradía de la ermita sino por los devotos cristianos, como lo son la escultura de la Virgen homónima datada en el siglo XIV, y un Cristo del XV.

Tal vez el principal atractivo del santuario sea su idílico entorno natural, donde se extiende una gran arboleda, con numerosos merenderos y una fuente manatial perteneciente a la ermita, que crean un paraje especial por el que el viaje merece la pena. Sin embargo, de nuevo la distancia y la señalización del sitio religioso vuelven a ser un problema a tener en cuenta para su puesta en valor de cara al turismo y al sentimiento de patrimonio por los oscenses, que la conocen por poco más que sus romerían anuales. La cuestión de su conservación siempre podría ser mejor, sobretodo en su parte trasera, que cuenta con muros desconchados y en ocasiones pintarrajeados.

Ermita de Santa Lucía

Los orígenes de la ermita de Santa Lucía son verdaderamente remotos según las leyendas que giran a su alrededor, como la que la sitúa como lugar de nacimiento de San Saturnino, futuro obispo de la ciudad de Tolosa en Francia. Situada a un kilómetro al norte de Huesca siguiendo el recorrido de la carretera nacional con dirección Sabiñánigo, la ermita ha sido un enclave de una gran importancia para el pasado histórico de la ciudad por su significado religioso y simbólico, tanto por la creación de una cofradía medieval ligada a la ermita en el siglo XIII que acabaría por unirse a la de Jara; como también por la fecha de su romería celebrada el 29 de noviembre (San Saturnino) hasta el siglo XVII por el cabildo de la ciudad, fecha simbólica que tal vez coincida con la entrada de Pedro I en la ciudad tras la batalla de Alcoraz.

La construcción se extiende en una pequeña finca junto a la carretera y otras propiedades privadas anexas, donde nos muestra su modesto tamaño, una planta rectangular con una sencilla nave central, tejado a dos aguas rematado con una campana en lo alto y muros gruesos apoyados en varios contrafuertes. Lo que más llama la atención es su fachada porticada y enrejada, la cual muestra una puerta bajo un arco de medio punto y un frontón de acabado gótico con un pequeño rosetón. En uno de los laterales pueden apreciarse los restos de la antigua construcción medieval, a modo de pequeñas y ciegas ventanas góticas.

Ermita de la Virgen de Jara

Al igual que Santa Lucía, encontrar la ermita de la Virgen de Jara es tarea arduo complicada sobretodo si pretendemos encontrar algún tipo de indicación relevante o información turística válida. De todas formas, hay que alabar la labor para reformar la ermita, la cual hace unos años sólo se componia algún trozo de parez y un par de arcos apuntados que tan apenas mostraban la ubicación de la antigua iglesia de Santa Eulalia. Se encuentra a una distancia similar a la ermita de Santa Lucia, en el antiguo término medieval de Xara hoy extinto.

Ermita de Jara

En cuanto a sus elementos arquitectónicos y decorativos podría decirse que guarda muchos parecidos con respecto la ermita de San Lucía incluídas sus dimensiones, si algo posee de original es su gran pórtico apoyado sobre dos arcos apuntados, sus ventanas circulares en los laterales y su mejor estado de conservación.